Acá estamos, por ahora, para nombrar el lugar!
"Vida, Amistad y Geología" podría ser uno de los tantos títulos para este blog (dije Vida, no Vino). Pero como todavía no tiene título alguno, propongo que vayamos pensando qué nombre le ponemos para "nombrarlo sin lugar a dudas", de forma tal que cuando lo hagamos sepamos que nos estamos refiriendo exactamente a este espacio; espacio de afectos, anécdotas y encuentros (con mates, con carnecitas y vino o simplemente con lo que aparezca en el medio) -> Se largó la carrera de neuronas para quienes quieran participar y les queden todavía algunas vivas y en condiciones!
domingo, 29 de agosto de 2010
jueves, 26 de agosto de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
"Tuve un sueño"
Subtitulo: ¿Y vos quién sos? (por Gerardo)
Tuve un sueño hace unos días, del cual no he podido guardar demasiados detalles, pero de algo me acuerdo.
Recuerdo que descendí de mi auto y me dirigí caminando a un sitio, un lugar en que había que atravesar un portón y luego se extendía un sendero que conducía a un parque en el que se veía una construcción hacia un costado.
El día estaba soleado y la luz llenaba el pequeño paisaje, diría que con maestría.
A mitad del sendero se veía a un grupo de personas, casi de mi edad o más o menos, conversando entre ellas y con copas de bebida en la mano.
Recuerdo que algunos, al verme llegar y luego de fruncir el ceño de un modo que me preocupó, me interrogaron, ¿..y vos quien sos? Ante ello y no saliendo de mi asombro, yo respondí sin oponer resistencia. No lograba entender si lo decían en serio o en tono de broma pues, como si me conocieran, al decirles mi nombre se reían y me abrazaban.
Creí haber entrado por equivocación en algún lugar donde se reunía alguna logia o algo así y eso me intranquilizó bastante, pero luego de un rato y de haber escuchado la misma pregunta varias veces y cada vez que aparecía alguien, cambié de opinión y me dije, ¡que puntería que tuve, esto parece ser una clínica de tratamiento contra la pérdida de la memoria!, pues todos se hacían y me hacían la misma pregunta y, luego que yo les respondía quien era, parecían reconocerme, se reían y me abrazaban, pero yo seguía sin poder saber quienes eran.
No descarté que se tratara de un manicomio privado de gente pacífica que, como parte de la terapia que recibían, se les hacía creer que eran normales y de ese modo ellos se sentirían mejor o distintos y, en ese contexto, opte por no cuestionarles que se estén preguntando continuamente unos a otros quienes eran ellos y quien era yo; total, pensé, si eso les hace bien, que problema hay, mientras no se pongan muy pesados me quedo y trato de averiguar de que se trata.
Al cabo de un rato, la cosa me asustó aún más porque cada vez que llegaba alguien, se repetía la pregunta ¿..y vos quien sos? y así siempre. No entendía nada.
Me dije, ¿qué otra cosa puede pasar aquí?, no conozco a nadie, entre ellos no se conocen o al menos dan eso a entender y encima, algunos llegan de afuera, ponen cara de asombro como si les hubiera pasado lo mismo que a mí, pero luego se comportan como el resto.
Por un momento no descarte que se tratara de algún establecimiento de tratamiento contra al obesidad, a juzgar por la baja relación alto/ancho que muchos de los allí presente lucían, pero al ver que uno de ellos luchaba para deshacerse de un trozo de queso y tres tajadas de salame que llevaba en una mano, mientras que en la otra sostenía un espumoso vaso de cerveza; pensé que no era posible que en un establecimiento de ese tipo repartieran esos alimentos.
Me preocupó bastante todo aquello porque me empecé a sentir como que el único que no entendía nada era yo, ya que algunos se abrazaban y reían y se hacían bromas.
Tampoco descarté que se tratara de un Reality Show o un Gran Hermano porque, pese a que nadie parecía poder correr 100 m sin agitarse, había mujeres que se destacaban y contrastaban notablemente en comparación con el aspecto que se observaba en los hombres, quienes en general, estaban hecho pelota.
Entonces, al encontrarme tan en bolas me sentía como un sapo de otro pozo, pero pese a haber tenido un impulso de regresar al auto e irme de allí y movido no sé por que intuición, me quedé y me dije, ya es la hora del almuerzo y se siente un irresistible olorcito a carne asada y estos tipos malos no parecen y, a decir verdad, me caen simpáticos, de modo que no dudo que me invitarán a quedarme a almorzar con ellos.
Y así fue que me deslicé entre ellos hasta la puerta del edificio mientras les seguía el juego y les contestaba a cada uno la misma pregunta de siempre.
Entré a un amplio recinto donde había un gran cartel en el que se leía ¡Bienvenidos Dinosaurios!, cosa que, si hacia falta agregar algo mas a mi confusión, era eso; pero también supuse que ese cartel podría haber quedado allí de alguna reunión pasada, de modo que lo olvidé rápidamente y me dirigí a una mesa donde se veían unos platitos rebosantes de salame de la Colonia, trocitos de queso, aceitunas de las verdes y negras y algunas botellas de tinto y, como nadie parecía haber percibido mi presencia, me abalancé sobre ellos cual un náufrago se aferra a una soga, ya que no había probado bocado en toda la mañana.
Allí adentro había un ruido infernal, todos se hablaban a los gritos, cada tanto se escuchaba un ¿ vos quien sos? nuevamente, pero eso ya me había dejado de preocupar porque ya no me importaba que fueran enfermos o locos o se tratara de un Reality Show o lo que fuera porque se había establecido un ambiente de una alegría que hacia tiempo no veía y, no sé si fue porque el vino de mi copa no lograba permanecer en ella mucho tiempo o porque no quería perderme todo eso mirándolo desde afuera, me puse a preguntar yo a los demás lo mismo y, para mi asombro, cada vez que yo les hacia la misma pregunta ¿y vos quien sos?, escuchaba, ¿no me conoces? y seguidamente, ¡Soy Lis!, ¡Soy Alba!, ¡Soy el flaco Rotelli!, ¡soy el Guille Fernández!, ¡Soy Miguel Moyano! ¡Soy Fatiga! y así interminablemente escuchaba nombres, apodos y apellidos que me sonaban haberlos escuchado hace tiempo, quizá en el siglo pasado, cuando siendo mas joven tenía muchos sueños, en que el cansancio no era mas que un incomodo visitante pasajero y en que pensaba que nunca nos veríamos distintos a lo que el espejo nos mostraba cada día. ¡Tiempos aquellos!
Entonces, ¿cómo voy a saber quienes eran estos tipos y estas minas? si ni yo me parezco al mismo de antes, pese a que tuve la suerte de saludarme diariamente todas las mañanas.
¡Claro!, me dije, como vas a reconocerlos si solo les miras la cara, ¡ mírales la alegría y el compañerismo que tienen y los vas a reconocer ! , eso no envejece ni caduca, permanece siempre y no se pierde.
Y así fue, pero justo cuando estaba abrazando a Juancito Rosso, quien ante mi tardía reacción se preguntaba si el loco o enfermo no era yo, el reloj, cual objeto obediente y sin nada de sentido común, me recordaba que debía comenzar a despertarme.
Esa mañana me fui al laburo con la bronca de no haberme dado cuenta antes de lo que había estado sucediendo, pero, ¡que lindo sueño!
Tuve un sueño hace unos días, del cual no he podido guardar demasiados detalles, pero de algo me acuerdo.Recuerdo que descendí de mi auto y me dirigí caminando a un sitio, un lugar en que había que atravesar un portón y luego se extendía un sendero que conducía a un parque en el que se veía una construcción hacia un costado.
El día estaba soleado y la luz llenaba el pequeño paisaje, diría que con maestría.
A mitad del sendero se veía a un grupo de personas, casi de mi edad o más o menos, conversando entre ellas y con copas de bebida en la mano.
Recuerdo que algunos, al verme llegar y luego de fruncir el ceño de un modo que me preocupó, me interrogaron, ¿..y vos quien sos? Ante ello y no saliendo de mi asombro, yo respondí sin oponer resistencia. No lograba entender si lo decían en serio o en tono de broma pues, como si me conocieran, al decirles mi nombre se reían y me abrazaban.
Creí haber entrado por equivocación en algún lugar donde se reunía alguna logia o algo así y eso me intranquilizó bastante, pero luego de un rato y de haber escuchado la misma pregunta varias veces y cada vez que aparecía alguien, cambié de opinión y me dije, ¡que puntería que tuve, esto parece ser una clínica de tratamiento contra la pérdida de la memoria!, pues todos se hacían y me hacían la misma pregunta y, luego que yo les respondía quien era, parecían reconocerme, se reían y me abrazaban, pero yo seguía sin poder saber quienes eran.
No descarté que se tratara de un manicomio privado de gente pacífica que, como parte de la terapia que recibían, se les hacía creer que eran normales y de ese modo ellos se sentirían mejor o distintos y, en ese contexto, opte por no cuestionarles que se estén preguntando continuamente unos a otros quienes eran ellos y quien era yo; total, pensé, si eso les hace bien, que problema hay, mientras no se pongan muy pesados me quedo y trato de averiguar de que se trata.
Al cabo de un rato, la cosa me asustó aún más porque cada vez que llegaba alguien, se repetía la pregunta ¿..y vos quien sos? y así siempre. No entendía nada.
Me dije, ¿qué otra cosa puede pasar aquí?, no conozco a nadie, entre ellos no se conocen o al menos dan eso a entender y encima, algunos llegan de afuera, ponen cara de asombro como si les hubiera pasado lo mismo que a mí, pero luego se comportan como el resto.
Por un momento no descarte que se tratara de algún establecimiento de tratamiento contra al obesidad, a juzgar por la baja relación alto/ancho que muchos de los allí presente lucían, pero al ver que uno de ellos luchaba para deshacerse de un trozo de queso y tres tajadas de salame que llevaba en una mano, mientras que en la otra sostenía un espumoso vaso de cerveza; pensé que no era posible que en un establecimiento de ese tipo repartieran esos alimentos.
Me preocupó bastante todo aquello porque me empecé a sentir como que el único que no entendía nada era yo, ya que algunos se abrazaban y reían y se hacían bromas.
Tampoco descarté que se tratara de un Reality Show o un Gran Hermano porque, pese a que nadie parecía poder correr 100 m sin agitarse, había mujeres que se destacaban y contrastaban notablemente en comparación con el aspecto que se observaba en los hombres, quienes en general, estaban hecho pelota.
Entonces, al encontrarme tan en bolas me sentía como un sapo de otro pozo, pero pese a haber tenido un impulso de regresar al auto e irme de allí y movido no sé por que intuición, me quedé y me dije, ya es la hora del almuerzo y se siente un irresistible olorcito a carne asada y estos tipos malos no parecen y, a decir verdad, me caen simpáticos, de modo que no dudo que me invitarán a quedarme a almorzar con ellos.
Y así fue que me deslicé entre ellos hasta la puerta del edificio mientras les seguía el juego y les contestaba a cada uno la misma pregunta de siempre.
Entré a un amplio recinto donde había un gran cartel en el que se leía ¡Bienvenidos Dinosaurios!, cosa que, si hacia falta agregar algo mas a mi confusión, era eso; pero también supuse que ese cartel podría haber quedado allí de alguna reunión pasada, de modo que lo olvidé rápidamente y me dirigí a una mesa donde se veían unos platitos rebosantes de salame de la Colonia, trocitos de queso, aceitunas de las verdes y negras y algunas botellas de tinto y, como nadie parecía haber percibido mi presencia, me abalancé sobre ellos cual un náufrago se aferra a una soga, ya que no había probado bocado en toda la mañana.
Allí adentro había un ruido infernal, todos se hablaban a los gritos, cada tanto se escuchaba un ¿ vos quien sos? nuevamente, pero eso ya me había dejado de preocupar porque ya no me importaba que fueran enfermos o locos o se tratara de un Reality Show o lo que fuera porque se había establecido un ambiente de una alegría que hacia tiempo no veía y, no sé si fue porque el vino de mi copa no lograba permanecer en ella mucho tiempo o porque no quería perderme todo eso mirándolo desde afuera, me puse a preguntar yo a los demás lo mismo y, para mi asombro, cada vez que yo les hacia la misma pregunta ¿y vos quien sos?, escuchaba, ¿no me conoces? y seguidamente, ¡Soy Lis!, ¡Soy Alba!, ¡Soy el flaco Rotelli!, ¡soy el Guille Fernández!, ¡Soy Miguel Moyano! ¡Soy Fatiga! y así interminablemente escuchaba nombres, apodos y apellidos que me sonaban haberlos escuchado hace tiempo, quizá en el siglo pasado, cuando siendo mas joven tenía muchos sueños, en que el cansancio no era mas que un incomodo visitante pasajero y en que pensaba que nunca nos veríamos distintos a lo que el espejo nos mostraba cada día. ¡Tiempos aquellos!
Entonces, ¿cómo voy a saber quienes eran estos tipos y estas minas? si ni yo me parezco al mismo de antes, pese a que tuve la suerte de saludarme diariamente todas las mañanas.
¡Claro!, me dije, como vas a reconocerlos si solo les miras la cara, ¡ mírales la alegría y el compañerismo que tienen y los vas a reconocer ! , eso no envejece ni caduca, permanece siempre y no se pierde.
Y así fue, pero justo cuando estaba abrazando a Juancito Rosso, quien ante mi tardía reacción se preguntaba si el loco o enfermo no era yo, el reloj, cual objeto obediente y sin nada de sentido común, me recordaba que debía comenzar a despertarme.
Esa mañana me fui al laburo con la bronca de no haberme dado cuenta antes de lo que había estado sucediendo, pero, ¡que lindo sueño!
sábado, 21 de agosto de 2010
Fotos del encuentro de los 30 años (Dom:15.Ago.2010)
Viajes San Juan y Los Gigantes (durante el Holoceno)
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